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En la práctica de una actividad profesional no es difícil que por cualquier circunstancia fortuita, casual o accidental se produzca un daño a un tercero, pero si nos referimos a la actividad sanitaria, el riesgo se acrecienta indudablemente.

En el ejercicio sanitario existe un cierto componente de subjetividad. El paciente puede no ser totalmente consciente de los propios riesgos de la enfermedad, de sus tratamientos o de la intervención quirúrgica a la que se somete, y no siempre está garantizado el éxito o la recuperación total. Por lo que es fácil que en ocasiones el paciente acabe reclamando al médico o al centro sanitario.

En consecuencia, el doctor, sin duda, necesita estar protegido ante estas situaciones, de tal forma que pueda tomar sus decisiones profesionales con libertad y tranquilidad, pensando en lo mejor para sus pacientes y sin el temor a que cualquier complicación que se produzca derive en una reclamación e indemnización que tenga que responder con su patrimonio, y afecte directamente a su economía.

¿Si el médico trabaja como autónomo o por cuenta propia?

En este caso toda la responsabilidad de sus actos recae sobre sí mismo, con lo que la necesidad de disponer de un seguro específico de Responsabilidad Civil profesional es incuestionable.

Y… ¿Si el médico es asalariado y, por tanto, trabajador por cuenta ajena de un centro hospitalario o de la sanidad pública?

En este caso, en muchas de las situaciones, existirá cobertura a través del seguro de Responsabilidad Civil del centro sanitario o de la propia Seguridad Social, pero se tendría que revisar este seguro y analizar si las coberturas incluyen los principales riesgos a los que puede estar expuesto el médico.

¿Qué médicos son los que están más expuestos?

Todos, aunque no cabe duda de que aquellas especialidades que realizan con mayor frecuencia la cirugía tienen mayor grado de incertidumbre. Sin embargo, todas son susceptibles de protegerse:

Intensivistas, cardiólogos, urólogos, cirujanos en general, de cirugía estética en particular, y odontólogos son ejemplos claros de profesionales de mayor sensibilidad a estos temas, aunque cualquier especialidad tiene una similar necesidad.

Y… ¿Cuáles son estos riesgos o coberturas específicas que debemos proteger?

DEFENSA JURÍDICA.

Las posibles reclamaciones recibidas precisarán de una asistencia de abogados que actúen para resolverlo eficazmente. Sin el seguro habrá que buscarlos particularmente.

FIANZAS.

En ocasiones la justicia puede requerirnos constituir fianzas en previsión de una posible indemnización, y sin seguro, se tendría que hacer con nuestro patrimonio o un aval del banco –que conlleva tiempo y un coste importante-.

GASTOS JUDICIALES Y EXTRAJUDICIALES POR SINIESTRO.

Según la reclamación que se formule y el proceso que se abra, los gastos que se deriven pueden ser difíciles de asumir por uno mismo.

INDEMNIZACIÓN.

Al final del proceso puede ser que tengamos que hacer frente totalmente o de forma parcial a lo que nos reclamen, por lo que tener una suma asegurada adecuada es fundamental. En este punto es importante saber que si garantizamos un capital, por ejemplo, de 300.000€ el precio del seguro que corresponda no será el doble si garantizamos 600.000€, y si asegurásemos 900.000€ tampoco sería el triple. Los aumentos de capital tienen un incremento en el precio del seguro pero en menor proporción.

LÍMITE POR SINIESTRO Y AÑO.

En ocasiones, puede ser relevante tener previsto el doble del capital contratado por siniestro para la anualidad de seguro, porque si surge una reclamación, tenemos que indemnizar y solo ha transcurrido un mes desde que formalizamos el seguro, resulta que ya no tendremos más cobertura. Sin embargo, nuestra actividad profesional continua, con lo que tendremos que contratar un nuevo capital y asumir un nuevo coste del seguro. En cambio, si tenemos contratada esta garantía de doble capital por anualidad de seguro ya no sería necesario.

DAÑOS ESTÉTICOS.

Según especialidad, muchas veces es imposible evitar ciertas marcas o secuelas estéticas que deriven con mayor facilidad en una reclamación, sea o no realmente responsable el médico, pero al ser una consecuencia de su intervención puede ser que reciba con mayor facilidad esta reclamación.

INHABILITACIÓN TEMPORAL.

No solo el perjuicio es tener que hacer frente a una indemnización elevada, sino que temporalmente no podamos ejercer nuestra actividad con lo que tendremos un quebranto económico añadido, mientras perdure esta situación. Si el seguro hasta cierto límite nos protege (durante 12, 18 o 24 meses) y por una cuantía periódica de dinero, sin duda el seguro será más eficaz.

DEVOLUCIÓN DE HONORARIOS.

Otro riesgo y no menos importante es tener que devolver los honorarios percibidos cuando con ese dinero que se ha cobrado se ha podido hacer frente a importantes gastos necesarios para la actividad que se desarrolla. También lo podemos tener incluido en el seguro.

RETROACTIVIDAD DE LAS ACCIONES REALIZADAS.

Cuando contratamos el seguro es fundamental que nos incluya cualquier reclamación que sobrevenga en el futuro pero que se derive de una actuación anterior, y que, aunque no hayamos recibido ninguna reclamación, se pueda producir en el futuro.

DEFENSA DEL HONOR Y DE LA IMAGEN.

Los peligros de una reclamación no solo son los daños económicos que se tenga o no finalmente que indemnizar, sino que la imagen del profesional se puede ver afectada, de tal forma que aunque finalmente no haya que hacer frente a al pago de lo que nos reclamen, la imagen profesional se vea alterada, y signifique una pérdida de pacientes. Una buena defensa de estos intereses, y proteger la imagen de forma eficaz, es totalmente necesario y no todos los seguros lo tienen incluido.

OTRAS GARANTÍAS:

Apoyo en informes periciales, actividad docente del médico, explotación de un local donde se desarrolle la actividad o incluso los daños al inmueble del propietario si se usa el local como inquilino, reclamaciones por protección de datos….

¿Y estas coberturas son todas?

No, pero son las más importantes, y según la especialidad conviene revisar bien el seguro ya que las técnicas y los tratamientos avanzan y evolucionan, por lo que las soluciones aseguradoras también deben hacerlo.